Feb
25.
olvidado en: leer, otra vida

Recorro los surcos de tu cuerpo iluminados sin piedad por los halógenos del techo, y noto tu mirada cruzarse con la mía entre los restos del naufragio de la habitación. Me miras camuflada tras el espejo del baño, y veo crecer una sonrisa desde tus ojos a la boca. Nunca entendiste que extraña broma del destino nos había unido, y nunca pude ni quise culparte por ello. Lentamente dejas lo que estas haciendo, y te acercas hacia mi recortando tu silueta desnuda en la penumbra. Tu llevas la marca del perdedor, me dices besándome en la frente, como haces cada vez que me esfuerzo en ser uno de esos tipos que parecen llenar tu vida. Sé, de esa forma rotunda y cruel en que se saben las cosas sin explicación , que habrá un día en que no podre mas, y me enfrentare al cansancio de tantos encuentros furtivos, a las llamadas a media noche, y a buscar motivos para dejarme atrapar en los mapas de tesoros enterrados en cada esquina de tu cuerpo.

Te recuerdo desde que eras una niña de coletas y uniforme, y te conozco desde los lejanos tiempos del instituto, eras la chica de uno de los cursos superiores. Una chica como tú era lo máximo que le pedíamos a la vida, y mientras componíamos nuestras poses de indiferencia, cruzábamos los dedos y le pedíamos a Dios una mirada, una sonrisa, cualquier cosa que nos hiciese reales a tus ojos cargados de indiferencia.

Los tipos duros del barrio crecieron tan deprisa que casi no los pudimos ver. Las chicas en los descampados tras el cine, las drogas a escondidas, las peleas, y las muertes absurdas formaron parte de su geografía mucho antes de que nosotros, los que vinimos detrás, supiésemos nada del lugar que ocuparíamos en el mundo.

Erais demasiado importantes para perder vuestro tiempo sentados en aquellos incómodos pupitres de madera, aunque quizás alguno hubiese oído la historia del tipo que quiso volar, y los dioses le entregaron unas alas de cera con una advertencia grabada en ellas: no te acerques al sol. El tipo, al parecer, no hizo mucho caso, y sus alas se derritieron precipitándolo al vacío sin refugio ni sostén. El profesor, enrojecido por la ira, no dejaba de pasarse el dedo por el alzacuellos, y levantando su ridícula estatura sobre los talones nos trasmitía su extraña visión del mundo, ese es el terrible precio de la vanidad, decía, las leyes de Dios son inquebrantables, y ese es el castigo por romperlas. Ahí estaba su Dios, lento en las recompensas pero implacable en los castigos.

Pienso ahora en lo que han sido nuestras vidas, en como las hemos llevado adelante. Algunos lograron cumplir con aquel viejo sueño, y huyeron del barrio sin volver nunca la vista atrás, otros incluso han formado familias y parecen felices atrapados en su rutina. Pienso en nuestros sueños, y en lo poco que duraron cuando la realidad les mostró su verdadero rostro. Pienso en eso, en nuestras vidas y en las suyas, las de los tipos duros, y no encuentro fuerzas para mover la cabeza despreciándoles como antaño hicieron nuestros padres.

Quizás aquel tipo, el que soñaba con ver el sol, sabía cual era el precio de sus actos y no le importó pagarlo. Quizás decidió que su vida, aunque mucho más breve, sería mucho mejor si lograba acercarse por un instante a ese astro que brillaba inalcanzable en las alturas.

Quizás….

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Feb
21.
olvidado en: mirar, otra vida


Silencio
Apunte del 24/02/2007: Escultura de Igor Mitoraj, gracias, isaaclore por ponernos en la pista .

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Feb
17.

- Pobres locos, aún creen en la revolución. Murmura parapetado tras unos gruesos prismáticos de campaña. Sus hombres, encogidos en el fondo de la trinchera, intercambian miradas extrañadas sin despegar los labios ateridos. Si no fuese porque lo que hay al otro lado de la trinchera son los cabrones que llevan machacando desde hace cuatro días, aquellos hombres habrían creído percibir algo parecido a la piedad posado en el fondo de aquellas palabras: pobres locos, aún creen en la revolución.

Muchos motines, y no pocas rebeliones, empezaron con algo así de sencillo: dos soldados sucios y cubiertos de inmundicia intercambiando miradas llenas de dudas en una trinchera. Pero hoy no es ese día, ellos son profesionales, lo que llevado a términos militares significa actuar rápido y sin esas incomodas preguntas creadas para corroer el alma de los meros mortales: ¿quiénes somos?; ¿qué es ese ruido cariño?; ¿qué haces, Hamlet?, apuestas por el caballo ganador, o te llenas de mierda hasta las orejas. En fin, filosofía pura, ustedes ya entienden.

La corneta oxidada de los vencedores deja caer su manto sobre el campo de batalla, y todos los hombres agazapados se desperezan y comienzan a moverse formando una marea humana en perfecta formación. Él deja los prismáticos, y besa una pequeña foto guardada en lo más profundo de su bolsillo, mientras murmura una olvidada oración a un Dios en el que dejo de creer hace muchos años. Toda una vida cumpliendo ordenes, siendo una PiezaUtil, engrasando el motor de la patria y las banderas con su obediencia ciega, y ahora, justo ahora, tras casi treinta años de servicio impecable, una vieja foto le dice que ha sido otro idiota en ese sucio negocio de la guerra, ni mejor ni peor, ni más guapo ni más feo que los desgraciados a los que en breve habrán masacrado sin piedad. Pero claro, vete ahora viejo con historias, je, je, veras cuando os lo cuente, resulta que todos esos muertos de ahí, y estos de aquí, toda es badana que nos hemos estado dado era una boludez, y al final tú eres más hermano mio que el capullo estirado que me daba las ordenes en un sobre lacrado. Y además se lo dices así, viejo, en verso, seguro que aplauden antes de descerrjarte un tiro en la azotea. Eso si no acabas ante un pelotón formado por tus propios hombres, que empiezan a ponerse nerviosos al no recibir la orden de avance.

A la mierda, murmura finalmente, mientras deja caer la mano hacia adelante y es sobrepasado por sus hombres cargados de armas y gritos de ánimo. Ordenes son ordenes, que diría su padre, otro capullo PiezaUtilDelSistema, al menos hasta su muerte en soledad, alcoholizado, y rodeado de fantasmas sedientos de venganza esperando verlo caer.

Texto aparecido originalmente aquí.

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Feb
12.
olvidado en: leer

Me deslizo entre las sábanas y suavemente llego a tu lado. Te siento más cercano cuando duermes, cuando, con los ojos cerrados, todavía me recuerdas al niño de rizos dorados que se ahogó hace años en un estanque… Sigo y persigo inútilmente el latido que ha de resucitarnos… suave… porque sé que si abres los ojos volverás a ser el desconocido de todos los días, y no habrá milagros ni anestesia suficiente para la esquizofrenia que atesoro… Palpo con la lengua tu nuca, después… quizá tus labios… suave… tus párpados… y despiertas, y mataría por degollar los ojos del recuerdo que me robaron al niño de rizos dorados y me dejaron la orfandad del alma y la ausencia de puntos cardinales… Mataría porque todo, tú… yo…, no nos redujésemos a este deseo contenido en las letras de un infinito NO que nos conjuga.

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El artista del alambre no hubiese sido posible sin los chicos de Wordpress, la música de los cero, las plumas Waterman y los lapices de colores Alpino...

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